“Septiembre… un lindo mes para el amor, digo yo. Mara y yo nos conocimos en septiembre. El calor se arriesga, se avecina entre sus días, pero eso no implica la estación del verano conciliada; por lo tanto ¿merece acaso el prejuicio nuestro amor que acuse por ser del calor ser de una temporada? Septiembre siempre me dejó esa duda sobre los amores que comienzan.”
*fragmento perteneciente al capítulo 5 de La Tercera Fuerza (2010)
Casi a veinticuatro horas del día de los enamorados todavía el aire conserva un gusto dulzón. No vamos a debatir sobre los fines comerciales de la celebración, definitivamente no vamos a hacerlo. Tal vez sí, sobre la infinidad de cosas que de amor se han caratulado.
Si existe algo sumamente productivo y eficiente es el amor. El amor ha sido útil y aún es útil para todo. Sirvió como arma, sirvió como alegato al sometimiento, sirvió para sumir a los pueblos a los íconos establecidos en cada faceta de historia: por el amor a tu Dios, por el amor a tu rey, por el amor a…
Ayer y hoy, el amor instruye, alimenta y también desabastece; de tanto en tanto, se encuentra algún fracasado de esos que el amor ha dejado, hundido en desolación y nostalgias.
El amor sirve de excusa, de pasatiempo, de escape, de pasión, de travesía… El amor de pocos años sirve a veces para conformismo. El amor de muchos años resulta a veces un derroche.
O lo que parece amor acaso…
Tal vez ayudaría más, como para esclarecer las cosas, ver al amor como instrumento. Si citamos un ejemplo: una birome. Una birome es un instrumento, no es buena o mala, no se cree o se refuta. La birome es un instrumento, las hay de diversos tipos, tamaños, colores… Como tal, si se me antoja, puedo utilizarla para escribir. Puedo escribir con ella un bellísimo poema que hable sobre todas las gracias de la vida, sobre todos los recovecos magníficos de este mundo, puedo crear con ella un universo de palabras y millones de imágenes mentales sumamente inspiradoras. Puedo hacer semejante obra de arte con esa birome. Porque sí, la birome es un instrumento y, como instrumento, es lo que el hombre hace con ella.
Llegado este punto, si estamos de acuerdo (y sólo si lo estamos), podemos comprender bajo la misma lógica lo siguiente: la birome es un instrumento a merced de quien la toma, por lo tanto, de la misma manera puede un hombre agarrar esa birome con la que yo anteriormente he escrito y clavarla sin temblor ni sutileza en el cuello de alguno.