"¿Sentiste, por casualidad, la velocidad del tiempo? Resulta ser que nunca corre para atrás, aún si me atreviera a tomarlo por los hombros y le diera media vuelta con el fin de hacer de su frente mi retroceso, me descubriría. Funciona así, simplemente. Atrás… el tiempo lo único que hace atrás es dejar las cosas".
La Tercera Fuerza, Cecilia Íncola.
Personaje 1- ¿A dónde va a parar ese fragmento pestilente en proceso de descomposición? ¿En qué parte de mi inconsciente quedará haciendo mella? ¿Qué marca indeleble va a producirme? ¿A qué sacrificio me compromete? ¿Qué parte vital de mí debo dejar ir con ese algo del “afuera” que se muere? Aún más inquietante, ¿qué tal si no está ni tan afuera ni tan lejos mío?
Personaje 2- ¿Qué hacés si pasó el colectivo y vos no llegaste a tiempo a la parada para subir? Lo dejás ir. ¿Qué hacés si se te cae una moneda de la mano y rueda por el piso con tanta mala suerte que va a parar al desagüe? La dejás ir. ¿Qué hacés cuando querías comprar una prenda de ropa que estaba en la vidriera de un local, y cuando vas, finalmente con el dinero para la adquisición, ya no la tienen en stock? La dejás ir.
Deberías hacer lo mismo con esto. Aunque tome otras magnitudes, aunque debas ejercitar más tu voluntad, aunque valga más que una moneda o una remera, aunque te enfrentes a una pelea interna que pareciera culminar en la autodestrucción…. Tenés que hacer eso, ni más ni menos, dejarlo ir.