jueves, febrero 16

CAMERATA DE' BARDI


Existe la posibilidad (dicha existencia es el alivio) de que El Fantasma de Leroux gustara de su máscara y la conservara en vísperas del festival entrante. Es relativamente probable que no supiera de vergüenza, que no tuviera parte alguna en un plan malévolo de infundir miedo ni intención de generar el caos o cobrar venganza y aún en menor e improbable medida de esconderse. Existe y se permite cualquier tipo de interpretación incluso si contradice la de su propio autor, dado que una vez que éste ha perdido el dominio de su obra y otorgado el derecho ajeno de apreciación y anexión, todo puede ser cualquier cosa para cada uno. Puede ser entonces, diría un mediador, que nadie haya entendido la historia o que todos hayan comprendido la suya que es en definitiva igual de popular que huérfana.
Existe la otredad, la ambigüedad, el final abierto. Existe también el etnocéntrico consumismo de teorías y producciones sin fundamento. Existen la filosofía barata, los zapatos de goma y el vals que acompañará en un puntapié la noche perfecta. Sí, eso también existe. La perfección en el concepto propio e incluso a veces en el concepto compartido… la perfección en su esencial y divina creación verdadera y universal, hecha a priori de rasguños. Existe la doble personalidad y una misma persona, a partir de este punto todo es posible.
Mandy tomaba mate de un cascarón sentado en el taquito de madera, divagando sobre todas las segundas perspectivas. A medida que progresaban sus reflexiones añadías terceras, cuartas, quintas y así sucesivamente. La multiplicidad de opciones era su pasatiempo preferido. No hacía tabla rasa de ninguna cuestión, a su entender todo entramaba una metafórica crucial. Mandy decía:

Tal vez la mano del pobre se abre y su brazo se extiende para ofrecer perdón y no para pedir monedas.
Es posible que Caperucita tuvieras un affaire con el lobo y aquellos cegados en la creencia de consagración como héroes sólo se condecoraron de inoportunos llegando justo a tiempo para cortar la racha. ¡No sería raro! Una vez más la moneda muestra su otra cara… quizá todos los cuentos infantiles se originaron a partir de mitos de estupro, saña, desenfreno y adulterio de sociedades mayores.

Cebaba un mate tras otro en tanto se entusiasmaba en el revuelo de míticas alucinaciones.

…Por ahí yo quiero que a mi mundo lo sostengan tortugas gigantes, ¡me parece más aventurero! ¿A quién le pido el permiso de creerlo? ¿Será que creerlo se considerará obstinación de mi parte por preservarme ignorante? No lo sé, lo desconozco del mismo modo que ignoro tantas cosas o acaso ignoro mi elección entre todas ellas. ¿No es que todo puede ser? Entonces… ¿quién elige lo que sí? ¿Quién lo que no? ¿Cuál quiero elegir yo? ¿Son válidos los signos de pregunta? ¿Puede un simple caracter anular mi autoestima o será que en y mediante él, me declaro reconocedor de mi propia humanidad tanto en la debilidad como en la inmortalidad de la esencia, las acciones, las palabras y los ideales?
Tal vez el martes tomó el lugar del viernes, el calendario está horrorosamente diagramado y el día después de mañana fue anteayer. Tal vez si las cosas hubieran sido como debían y cada una estuviera en su lugar (como la maestra de preescolar se obstinó en enseñarme) la semana sería menos tediosa porque el viernes aún conserva el sinsabor del martes añejado, puerilmente la semana se hace eterna y cíclica.

Era de la alpaca la más brillante, un roble de ideas, un brebaje límpido en su esencia haciendo mella en la conciencia, libros abiertos…

¿Lo que condiciona es el hecho o el estado de ánimo del interpretador?
Tal vez la caja de Pandora a la que asigné todas y cada una de mis ilusiones está repleta de puro fetiche.
¿Y si la Planta de Naranja Lima fue quien lo alentó realmente a que siguiera adelante? La abuela alguna vez seguro dijo: “Entre que vas y venís no está el camino sin vos”. Y ¿si fuera Luis un rey mas sin corona? ¿Si fueran las figuritas moneda corriente y el banco un álbum?
En definitiva, no se debe la querella a si es blanco, negro, morado o verde esmeralda; el asunto no se trata de si somos tres o cuatro o cinco, el asunto se trata de que somos en nosotros mismos, somos parte y debemos hacernos responsables de esa parte.
Existe la lujuria.
Existe la codicia, la avaricia, los siete pecados capitales y sus siete contraposiciones. Existe la ansiedad que nos convierte en necios, que nos pretende torpes, que nos da a escoger. Existe el talento en cada ser. Existe en la posible combinación de estos dos conceptos recientes una fatalidad: el talento ansioso. El arte requiere tiempo, merece tiempo, perdura en el tiempo.
El arpa contradice al viento e internamente ambos saben que no sólo la curiosidad mató al gato sino además la prisa. Si Orfeo hubiera sabido esperar, la tragedia también hubiese puesto el contador. Una historia durante siglos enteros en procesión por el mundo y sin embargo hay quienes dicen que el amor no puede ser eterno. Alguien habrá aprendido que el amor también como arte requiere tiempo y espacio para ser. Otro Alguien habrá creído otra cosa.
¿Puede también el amor ser engañoso o se trata originalmente del engaño en su más pura forma convencido de amor a tal punto que logra persuadirse a si mismo?

Tras pronunciar la última palabra constituyente de la frase Mandy perdió la mirada en la hierba… “¿ojos que no ven, corazón que no siente?”
Llegado un día Mandy se cansó de tantas interpretaciones. En consecuencia, abandonó el mate, el tango y la fiera. Su determinación se debió a la conclusión formulada de características tan ambiguas como todos los interrogantes que habría expuesto anteriormente:
En la implementación forzosa de una lógica Holística empeñada en considerar la totalidad supongo que la única Verdad Absoluta es la asimilación de la verdad de todas las esferas (¡aunque algunas me parecen sumamente aberrantes!)
Un desconocido impone el concepto arbitrario de la imposibilidad del sujeto de negar cualquier cosa desde su subjetividad, cosa imposible tratándose de una condición estrechamente ligada a él, pero conducta que simultáneamente asume el compromiso obligatorio de no ser idiota. ¿Por qué? Porque una cúpula de dos caras de un lado extiende el sermón sobre la piedad, la humildad y la paciencia y del otro lado ordena armar una fila, tomar distancia y reparte ametralladoras y cuenta cuentos como contaban los cuentistas callejeros en tiempos del principio. Todo fue así… banda sonora. La voz nació del boca en boca, así la historia se fue armando. En la escuela, en rodados de tercero o cuarto, hablan del derecho de uno y del ajeno. Hablan acerca de la familia, los amigos, los vecinos. Los vecinos hablan de otros vecinos en tanto que Celia Cruz entona una canción amistosa. Un cantautor con experiencia y años de rencor dice que todo eso es basura. Castagnino se hace presente en el debate revelando que a nadie realmente le gusta la música sino lo que ella genera, los sentimientos a los que hace compañía con una elaborada y bonita combinación de acordes. El depresivo se planta y me dice que ya no siente nada y el suicida se suicida. Mientras tanto mi nieto  me sonríe y me cuenta acerca de la enorme cantidad de trabajo que aún le queda pendiente para el resto del día: muchos dibujos de cohetes.
El hombre llegó a la luna o se profesionalizó en el montaje fílmico. El joven critica el entrecejo del viejo. El viejo critica la insensatez del joven. El que no sabe envidia al que sí, el que sí desprecia al  que no. Contrario a toda desesperanza existe una similitud: todos hablan (la palabra siempre adquiere su voz en el volumen que sea, incluso en un volumen nulo).
¡Qué armonía haremos de este boca en boca! Tal como sucedió desde los comienzos, exactamente… desde los simpáticos cuentacuentos.
Me pregunto ¿en qué punto intrínseco hemos progresado? ¿Avanzamos la tecnología y perjudicamos el desarrollo del esfuerzo junto a la valoración del mundo? ¿Progresamos en medios de comunicación y olvidamos el objetivo de la comunicación en sí misma?

Mandy hubiera dicho en última instancia y por el deseo de ser contemplativo…

Si es que la costumbre nos lleva constantemente a la animalada de repetición: ¿cuándo nos dignaremos a dar lugar a nuestra palabra si es que será honesta, si es que será sabia o al menos trabajada?

Estaba loco el viejo… ¡eso me contaron!
Lo que es cierto es que pasó sus últimos años en el psiquiátrico de Benavídez. Era muy querido por los doctores, enfermeros y autoridades del instituto.
Todos los días a las siete de la tarde en su media hora de receso, se sentaban alrededor de él, ávidos de escuchar sus historias.




Autora: Cee
Cuento perteneciente a la novela La Tercera Fuerza

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