miércoles, agosto 24

Fragmentos

"Esto era un problema cotidiano en mi labor, yo olvidaba las cosas y la gente pero esas cosas y esa gente no se olvidaban de mí, al menos no al principio. Pasado un tiempo la gente se olvida de todo".






La Tercera Fuerza, Cecilia Íncola

viernes, julio 15

Interrumpe el silencio de tus brazos detenidos...

a tan solo medio metro de mi puerta.

[...]
Joven intuitiva pero incauta a los dolores, 
dolores que he padecido y resistido,
si pido que te arriesgues es porque temo
que el corazón de cualquier modo sale herido.

Fragmento perteneciente a la novela La Tercera Fuerza, Cecilia Íncola.

sábado, mayo 21

Fragmento de la obra

         
"Los recuerdos son fugitivos, así es como se hicieron libres, libres incluso de volver cuando se les antoja... El pasado carece de testigos, no fuimos tanto más que vos y yo, yo que ahora carezco de pruebas para retener el paso de tu cuerpo por mi vida. ¿Sentiste, por casualidad, la velocidad del tiempo? Resulta ser que nunca corre para atrás, aún si me atreviera a tomarlo por los hombros y le diera media vuelta con el fin de hacer de su frente mi retroceso, me descubriría. Funciona así, simplemente. Atrás... el tiempo lo único que hace atrás es dejar las cosas. Al final de cuentas, reconozco que mentí más veces de las que dije la verdad. La última vez no fue hace tanto... dije que me daba igual. Ya ves que no.
[...] Este papel esperaba por vos: mirá si serán contradictorias las ideas y las cosas que hoy me elevo sobre lo que ayer dejé caer. Mirá si será llevadero el sentimiento que se mantiene aún cuando nadie se lo pide. Mirá si será hipócrita el engaño que a sí mismo se convence de verdad [...] Mirá si será naufragio que no sé ni a quién le escribo".

Obra  Si llegás y no estoy es señal de que me fui
Perteneciente a la novela La Tercera Fuerza, Cecilia Íncola

sábado, abril 23

Del amor y otras adicciones...

"Ahora… ahora que puede abrazar el amor, eso es detenerse en el curso del tiempo. Del sinfín número de adicciones por probar y adoptar, dígame si el amor no es la más sana de todas.
                                    
¡Hasta que nos volvamos a encontrar!  I.M."

Fragmento perteneciente a La Tercera Fuerza, Cecilia Incola 




martes, abril 12

Lo uno y lo otro



" - En el pasado siempre existe algo irremediablemente muerto. 
- ¿Dónde se inventa el amor que no existe? ¿Dónde se registran los besos no dados? ¿Dónde estás cuando estás acá parado al lado mío? ¿Dónde estás cuando me mirás casi furtivo? ¿Dónde estás todo el tiempo? Te fuiste, no te diste cuenta y te fuiste, me hablás cada vez mientras te vas. 
- Siento que nos vamos a gastar el cuerpo, la mente y el alma si seguimos raspando empecinados lo que queda de este amor.


Era como escuchar a la distancia tres campanas diferentes: una actual, la del hombre presente. Dos pasadas, la de la mujer y la del mismo hombre, aunque años antes, contándome historias diferentes o una misma historia pero desde distinto lugar.
Los acontecimientos se inclinaron al perfil de la inclemencia, no se contemplaba el amor, no se consideraba el perdón ni la paciencia. Ellos estaban enfurecidos, aunque yo no terminaba de entender el porqué, la situación se había vuelto insostenible. Empecé a asimilar que ciertamente habría muchas cosas que no alcanzaría a comprender porque ya había entendido que no era mi postura objetiva ni eran mis sentimientos tan ajenos. Mientras ellos gritaban maldiciendo hermosuras yo rememoraba anécdotas anteriores, releía iniciales escritas con sobres de azúcar, los veía abrazarse pegados a la salida de la estufa de la esquina de Cervantes para tolerar las noches de invierno. Mientras ellos hacían huecos en las paredes yo evaluaba los procesos del amor, analizaba las fórmulas exactas que finalmente parecían fallar a pesar de mi disconformidad. Yo evocaba los besos apasionados mientras ellos fruncían los labios, mascullando aquello que ni siquiera se atrevían a pensar. En mi cabeza la imagen serena de Irineo revelaba a Julieta la fantasía de vivir todos los veranos del mundo viajando de país en país, de continente en continente y se lucía el gesto de ella sucumbiendo al enamoramiento. Mientras tanto el recuerdo al que arremetía la actualidad, mostraba un panorama que poco contaba de lo que ellos habían sabido ser. Dentro de mí las cosas se mezclaban y no podía determinar a cuál de ambas realidades prestar atención. Evidentemente yo veía otro lado de la misma moneda o la veía borrosa y por eso no podía distinguir. De cualquier modo, cara o seca no me inquietaba, que fuera la que debiera ser; sólo pretendía que fuera una porque esa incertidumbre destruye a cualquiera.


[...] 
- Siempre es hoy o nunca. ¿Cómo estar seguro de no estar dejando lo que realmente uno debe conservar o cómo cerciorarse de que está atesorando lo que verdaderamente lo hará feliz? Presumiendo que yo esté enamorado de estas dos mujeres y que puedo tener sólo a una... ¿Qué se supone que debo hacer?
          - Elegir bien".


Fragmento perteneciente al capítulo 9 de la novela La Tercera Fuerza, Cecilia Íncola


El otro es un espejo. Dicha afirmación no implica una definición categórica del otro como objeto ni le quitamos valor con esto. De hecho, el otro es irremplazable, sea quien sea.
Así como es inigualable, incluso por nosotros mismos, lo que somos en cada circunstancia de vida y frente a cada persona, la persona que produce en nosotros esa nueva y única faceta es irreemplazable. La variación está en cuánto nos gusta o no esa faceta. El otro que es el espejo, como todo espejo altera, cambia. Dos espejos diferentes no reflejan lo mismo, aunque sea siempre uno el que esté parado adelante.
Conocernos es nuestro instrumento para conocer a los demás. Es la imagen propia que ese otro nos devuelve, lo que nos aproxima a saber a quién tenemos enfrente. De alguna manera cuando elegimos a alguien, nos estamos eligiendo a nosotros mismos, a lo que somos cuando esa persona, irremplazable e "inadmisiblemente otra", se encuentra a nuestro lado. Cee

domingo, marzo 27

A las palabras se las lleva el viento...

... pero a los cuerpos no.


"La besó y la besó tanto, abrazándola con fuerza. La beso pidiendo no perderla nunca. La recostó en ese beso y acercó su cuerpo. La miró tantas veces como veces la besó. Si existía placer mayor que la caricia de los labios era ver y saber que era ella y nadie más. Al cabo de pasadas tres horas abandoné la cuenta mientras tanto ellos obviaban la existencia del reloj. Tal como si la vida terminara una vez que dejaran de tocarse, una vez que se perdiera el calor de los cuerpos, una vez que soltaran sus manos, no querían dejar de hacerlo nunca. No podían arriesgarse pero no tanto a morir sino a morir sin el otro".

Fragmento perteneciente a la novela La Tercera Fuerza, Cecilia Íncola

miércoles, marzo 2

En el pasado siempre existe algo irremediablemente muerto

"¿Sentiste, por casualidad, la velocidad del tiempo? Resulta  ser que nunca corre para atrás, aún si me atreviera a tomarlo por los hombros y le diera media vuelta con el fin de hacer de su frente mi retroceso, me descubriría. Funciona así, simplemente. Atrás… el tiempo lo único que hace atrás es dejar las cosas".


La Tercera Fuerza, Cecilia Íncola.

Personaje 1- ¿A dónde va a parar ese fragmento pestilente en proceso de descomposición? ¿En qué parte de mi inconsciente quedará haciendo mella? ¿Qué marca indeleble va a producirme? ¿A qué sacrificio me compromete? ¿Qué parte vital de mí debo dejar ir con ese algo del “afuera” que se muere? Aún más inquietante, ¿qué tal si no está ni tan afuera ni tan lejos mío?

Personaje 2- ¿Qué hacés si pasó el colectivo y vos no llegaste a tiempo a la parada para subir? Lo dejás ir. ¿Qué hacés si se te cae una moneda de la mano y rueda por el piso con tanta mala suerte que va a parar al desagüe? La dejás ir. ¿Qué hacés cuando querías comprar una prenda de ropa que estaba en la vidriera de un local, y cuando vas, finalmente con el dinero para la adquisición, ya no la tienen en stock? La dejás ir.
Deberías hacer lo mismo con esto. Aunque tome otras magnitudes, aunque debas ejercitar más tu voluntad, aunque valga más que una moneda o una remera, aunque te enfrentes a una pelea interna que pareciera culminar en la autodestrucción…. Tenés que hacer eso, ni más ni menos, dejarlo ir.